jueves, 30 de julio de 2020

Hoy 26 julio

Imprescindible y lejana Esnedy.

Me es algo difícil escribirte, pero me gusta hacerlo. Me siento como si experimentara por primera vez en la humanidad aquello de la comunicación con cartas. El género epistolar lo he conocido por lectura y nunca por realizarlo. Pero debe ocurrir que lo diferente y lo novedoso es lo que rueda como el aire en el día en que se aspira por lo concreto. Además, es una entrega a la perplejidad, esta comunicación. Escribirte se me hace necesario, es parte de mi día.

 

Realmente para mí es un gran privilegio que tus ojos se detengan en estas cortas palabras que no dicen mucho. Que abarquen el tiempo de retomar lo que se ha convertido mi forma de saber de ti y que sepas de mí. Puedo decir que de apoco encuentro que hay un espacio único en la cartografía de mi conciencia, de hecho, es un lieu de la mémoire. En verdad es un privilegio pronunciar tu nombre, que me deja identificarte en mis pensamientos. Me refiero como si cada pensamiento que llega a mi debiera concretarse, no por la necesidad sino por la naturaleza misma de saber de ti. De conocerte, como fue mi propuesta. No eres una idea abstracta. Hasta las ideas más abstractas y racionalidades más concentradas, deben tener una cercanía con la realidad. Lo real es que sé de ti, que no te veo por las circunstancias. Lo real es que me gusta saber de ti. Lo real es que no espero una respuesta.

Difícilmente podría ocultar lo que pienso, las razones de ello son puramente objetivas. Ahora que solo sé de ti por una pantalla que se esmera por contener un universo, he compartido más que tiempo. No escribo o te leo, porque haya algo inexorable, lo hago porque soy humano, porque mi humanidad es tu humanidad. Lo hago por qué ser humano es la única manera en que me he fijado en ti. Que continúe la tragedia y que tú contribuyas con un beso, ese es el desafío por lo humano. Lo trágico existe porque no hay más tragedia que encontrarse con otro humano y no entender lo inefable que somos, lo que está más allá de la apariencia.

Creo que te decepcionarĂ©, no soy pintor o escultor o mĂşsico y mucho menos escritor, pero he aprendido a escribir de una forma muy impersonal, tal vez hago sonar una guitarra de muy mala manera, el dibujo solo se me da en bocetos y mi torpeza definirĂ­a que tanto me he acercado a la escultura. Pero lo que ahora se transforma y quiere continuar, es sentirme listo para avanzar por tu respuesta a esa pregunta musaica. Y aunque en lo que te escribo puede que lo más formal no destaque no es por fascinar. A la vez lo formal se ha perdido, por eso inicie usando el “usted”. Siento que debo ser formal, espero serlo siempre, pues la formalidad, el “papel”, el saber que me lees, debe estar en sentido con el respeto por tu lectura, por ti como persona, por la humanidad que alcanzo a vislumbrar. Una persona por la cual debo mantener como indicador, el respeto por encima de la admiraciĂłn o contemplaciĂłn. Aunque ya no usarĂ© más el “usted” porque me has dejado suprimirlo.

Espero no te agoten todas estas letras, y esos siete minutos resulten absolutamente surrealistas mientras me lees. Traté de elegir palabras cuidadosamente, pensando, como si preparara una defensa por una pieza musical, meticulosamente ornamentada para lo que no tendría utilidad y, sin embargo, el mundo esperaría ansioso por saber. Pero soy un hombre increíblemente sencillo, colmado de datos inútiles, a la vez ridículo pero redimido por la calidez de tu lectura. Así que el intento de armonizar lo racional y lo sensible se entrega como lo que espero te agrade. Ojalá no sea una fragilidad de mi forma de ser, que no es de genio. Quiero que sepas que desde que se de ti, cada momento de un recuerdo de nuestra conversación tiene una alegría. La alegría se puede manifestar de muchas maneras y gracias a tu respuesta le has dado alegría a mis noches y días.

DĂ©jame agradecerte por el tiempo y las repuestas. Mi propĂłsito ha sido explĂ­cito. No me conformo con saber tu nombre, ahora lo sĂ© completo, pero sigues siendo quien quiero conocer. Por ello he pensado lo siguiente. Estoy considerando que no hay una ciencia formalizada. Pienso que, para saber de ti, necesitarĂ­a ese cuerpo conceptual que me permita estar cerca en la distancia.  Que me permita conocer sin apropiar, que me deje aprender sin enjuiciar, que me mantenga expectante en lo rutinario. Que me deje ver en parte y que se mantenga el asombro por lo nuevo. Que me llene de admiraciĂłn por tu voz. Que me mantenga alerta por una sonrisa y una broma que alegre las frases dichas. Por eso me pregunte lo siguiente: ¿CĂłmo llegar a conocer la totalidad de ti?

Conocer tu comportamiento sin psicología; tus pensamientos sin filosofía; tus teorías sin epistemología; tus condicionamientos sociales sin sociología; tu capital cultural sin un estudio educativo; tu lenguaje sin lingüística; tu lengua cultural sin filología; tus gestos sin fotografía; tus sensaciones sin neurología; tus deseos más prominentes de un antojo sin química; tu forma del cuerpo sin anatomía; las medidas de tu cuerpo sin antropometría; los detalles del funcionamiento de tu cuerpo sin fisiología; tus hobbies y actividades más comunes sin etnografía; tu sistema de juicios sobre la realidad sin derecho; la imagen de tu pasado sin historia; tus gustos de consumo sin análisis de tendencias; tu cualidad de enseñar sin pedagogía; tu posibilidad de planeaciones estratégicas sin estudios de diseño, y para tantas otras condiciones tendrían que inaugurarse nuevos arreglos teóricos o prácticos.

A la vez necesitaría saber de todas las ciencias o disciplinas, aunque podría inventarme una, no para estudiar sino para acompañar, me mantendría con el mismo entusiasmo de entrar de cero, de ir a algo que me emociona, pero que no sé de qué se trata. La palabra sería, inferida por ti. Para todo ello solo sé que se logrará de una sola manera. Podría parecer muy sencillo, pero espero no se me acuse de soberbio por iniciar el primer paso en la manera de conocerte en todas tus formas. Con el paso de los minutos, pienso que se trata de hacer todo bien. Es el motivo que me provoca conocerte, Esnedy, pero es preciso si te quiero hacer propia del lenguaje, del lenguaje que me provoca saber de tu lenguaje, decir lo que pienso.

 

Con todo mi afecto y mis más cordiales saludos.

 

DPG.

26 de julio de 2020.

 

PD. Ya que seguiremos en cuarentena puede que esta canciĂłn sea un buen medio de ese “algo” o por lo menos te rĂ­as o suceda un no sĂ© quĂ©.

Quisiera ser alcohol - Caifanes

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