Señorita, desconocida y lejana.
No sé cuándo lea estas líneas. Llevo varias horas o días, pensando en que escribirle. Tratando de indagar conmigo cómo poder iniciar una conversación. Por ahora sé que estas letras que han sido prolongadas la encuentran primero que yo. Quien soy yo se preguntará. Sabe cómo me llamo pues así aparece en la pantalla, pero definirme es más difícil.
Me podría definir cada acto en mi vida, pero por ahora puedo sintetizar que he estudiado diseño y sociología. Soy muy mal escritor, pero a veces me va mejor de lector. El humanismo como ciencia me involucró al tratar de entender sobre arte. Mi cotidianidad transcurre en la expectativa de que otros quieran brindarle al mundo su esfuerzo por medio del saber. Por último, sé que vivo para consumir el hoy.
De usted solo sé que la vi un día de la manera más fortuita. La vi el día que en Facebook apareció. No sabía su nombre, pero si en el tránsito de lo incognito existiera la posibilidad de verle, recordaría su rostro.
Porque le escribo seria otro interrogante. El catálogo del tiempo en su inabarcable comprensión solo me deja claro que es una espera que varía. Si es necesario esperar podría sugerir que es para retomarlo. Proust tiene una relación diferente con el tiempo en eso de retomar. Yo buscaría aguardar para que me deje saber, aunque por él, lo único que pienso es cómo los pasillos, las calles, las palabras que ambos transitamos
nunca provocaron un verdadero encuentro o eso parece. Que el mismo lugar donde alguna vez pudo tomar un rumbo no me haya dejado verle. El lugar que me cuesta creer que me haya pasado inadvertido de su presencia, es este mundo.
Pero nada de eso responde al interrogante. A pesar de las líneas que toman vida, que materialmente existen y que no sé qué les sucede a las noches y al día para que surjan, le aviso que es una respuesta sencilla: saber de usted. Conocerle.
DPG
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