Una respuesta como pregunta no pedida.
Como bien sabes, lo que ahora leerás, que no son más que letras infinitas, de un discurso o de muchos discursos, exactamente iguales y diferentes, hace parte de lo que concierne al espíritu que se separa de la letra. Que la deja de ver como símbolo y encuentra en otra forma de ver la voluntad de su presencia integral. Tal vez has escuchado esto, por el sonido de otros o mientras actualizas con su voz la lectura, no lo sé. Lo que es cierto, y de ello no puede haber duda, es que ya imagino que sabes el sentido de cada una de las siguientes letras.
Diré en primer lugar que quiero agradecerte tus palabras. Para mí es un privilegio que nunca pedí, poder intercambiar textos, versos, cartas contigo. Hay una invitación epistolar que nunca fue necesaria. No podría haber imaginado que en algún momento llegaría alguien con quien sabría qué pasaría. Por ello no me pregunte cuando, con quien y así que nunca inicie tal acto y mucho menos lo esperé. Pienso, que, las respuestas que, en otro tiempo, bajo los símbolos de la gramática y la configuración de signos pudieron sortear en el mundo de la comunicación humana, parece que nuevamente hace acercar condiciones de existencia. Lo que es referente se traduce en la posibilidad del intercambio de dichos símbolos que representan la lengua y llevan lenguaje, que me hacen sentir en el silencio de mi lectura, o en volver a ver la música como un aliado del espíritu y no como la crítica de lo que se considera superficial o que debe ser entendido sin categorías. Siento la fidelidad a la realidad de la vida. Las causas subyacentes que puedan existir no son fáciles de demostrar.
Te entiendo más de lo que crees, comprendo tus palabras y sé que como nos relacionamos ha tenido una suerte de premura. Sin embargo, como no sentirse con dicha premura cuando has vuelto a mostrarme quien soy, algo que por mi culpa perdí. Lo que perdí fue eso del pensamiento, de la entrega desmedida a las letras, de la pasión por la lectura, de la condición de la incógnita, de sentirse correspondido por unas letras que nunca había escrito, de creer en el género epistolar como la forma en que nos conocemos en otra dimensión de nuestra vida.
Más de un libro irremediablemente conduce y guía, por lo leído, pero también, por lo que aún falta por leer. Es indiscreto, pero cuando encuentro un pasaje existe la tentación de llamarte y leértelo. De igual forma, en más de una ocasión he considerado que esas líneas sólo adquirirían un verdadero sentido con tu compañía. Intercambio que es posible por una consideración de especificidades. Pensamos que todo se debe a la fuerza que podría significar cada comentario, aprobaciones o críticas, la refutación de mi sesgo y la expansión de querer ver más por tu pensamiento.
Sé bien que todo ello, se asemeja de forma muy notoria a un gato que tercamente busca morderse la cola, y que da vueltas en derredor, buscando lo que posee, pero sin darse cuenta que ese infinito mundo es un ir y volver de sí hacia sí. Por ello, las letras también van y vuelven, las mismas que ahora se escriben, son las que has dicho mientras has leído. No ha variado mucho, y no podría ser de otra manera, aunque la totalidad no sigue intacta, más bien, ha cambiado para agudizarse y volverse más extensa y profunda si es posible.
Que sucedería si yo recreara a dicho amigo del pasado sin las pretensiones de este presente. Una mirada distante por la época (desconocida) pero que busque aportar a tu construcción.
Humanista
16 de agosto de 2020
PD. Pienso que tus ideas, misterios e historias, son mucho más dignas de contar de lo que puedas creer ahora.
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