martes, 4 de agosto de 2020

Él- Humanista...

Él- Humanista…
Se llama igual que el pasado. Aunque de naturaleza diferente a la conocida. Me parece un jugarreta de la vida que estas dos personas compartan el nombre. Uno es el sujeto que se llevo la sonrisa, capacidad de asombro, reacción y fe; el otro es el humano las trae de regreso en una bocanada de aire fresco con la posibilidad del todo.  Por cuestión de exégesis, al ultimo lo llamaremos "Él- humanista”, compartimos alma mater, profesional y magister (detalles sin importancia). Hace unas semanas, compartimos la vehemencia propia de la escritura (escribir y responder) como acto sacrosanto, pero esto solo fue posible hasta que él estableció el canal a través del primer comunicado al que nombro ¿Un saludo?
Señorita, desconocida y lejana

No sé cuándo lea estas líneas. Llevo varias horas o días, pensando en que escribirle. Tratando de indagar conmigo cómo poder iniciar una conversación. Por ahora sé que estas letras que han sido prolongadas la encuentran primero que yo. Quien soy yo se preguntará. Sabe cómo me llamo pues así aparece en la pantalla, pero definirme es más difícil.

Construimos gracias a que él me escribe día tras día, sin la premura de la hora. Pese a su académico y clásico proceder, se logra reflejar lo que pocos se atrevieron a observar.  Es un humanista con proyectos abrumadores para almas que no ven la salida en el texto. En este vaivén  de descubrir, describir y desaprender se ha develado la importancia de seguir en pie de lucha  por los sueños, no por los humanos.  
Leemos novelas policiacas-, el uso pleno del método con algo de suspicacia. También leemos “la idea de Europa” que en un gran medida escapa a mi células grises, pero como un buen humanista se esfuerza de maneras insospechadas para que lo recree. No obstante, la idea de Europa se divide en cinco credenciales macro y microexplicativas (diría él), pero esto no se trata de Europa, se trata de él a través del texto (diria yo).
1.    Europa es ante todo un café, como él es ante todo ingenio y provocación.
2.   Europa es paisaje caminable, como él es humano indescifrable,
3.   Europa es todos esos lugares que llevan nombres de grandes pensadores, como él es mente de laberintos insospechados,
4.   Europa es su descender de Atenas y Jerusalén en la que se hizo posible la coexistencia social (censura y dogma), así como él  es fe, la razón, tradición y método.
5.    Europa siempre ha creído que perecerá, así como él siempre ha creído que no trascenderá.
Hemos configurado apertura. Construimos una serie de memorias para crearnos. Compartimos temores infundados en una especie de sincronicidad no experimentada pero si esperada.  También hablamos de viajar, estudiar, caminar, fotografiar, etc. Infinidad de ideas que al igual que Europa son paisaje caminable sin condición de tiempo o espacio.
Así como cualquier mortal en cuarentena, tenemos siete tardes de domingo esperando en la puerta, con la premura de lo físico, lo vivo y lo real. No hay forma de explicarlo y tampoco de entenderlo. Pero este “humanista” resulta ser el engranaje perfecto para una  pieza antigua y defectuosa, para la que no había más que esperar; como si valiera la pena esperar sin esperar.
Se ha tomado la tarea de respeta (extrema educación), escribir (suficiente respeto), conocer (no invasión), aceptar (complicidad), escuchar (conspirar) y reír (amistad). No debemos  forzarnos a confabular contra el futuro o la formalización porque es viaje al pasado para traer el principio y es viaje al futuro para traer el progreso.
Será bueno pensar que todos los humanistas tienen el talento de hacer todo más fácil, pero puede ser una característica innata de este humanista. Los contradictores y pesimistas continuan emitiendo esa energía que quebranta con todo “supuesto de buena fe”. Pero la intuición podría decir que si ese  humanista fuera planta seria ceiba amazónica- Libre, feliz, solido, firme, independiente, inquebrantable-.
Trabajamos  en no dejar rendija para la idealización, en usar la palabra como pequeñas dosis de agua que alivian nuestras almas en llamas.
Nos cuesta creer en la apuesta de encajar y trabajar en “nosotros”, en definitiva me atacan los temores. Pero tenemos  el don (como dice Tuppence en la puerta del destino) de orientarnos de formas insospechadas para que esos temores no caben las entrañas. Por ahora, a esto le llamaremos el primer beneficio de la duda otorgado en la segunda vida.

PD. Esperamos en unos años poder concluir que solo un humanista puede revivir un científico.
4 de agosto de 2020
SND

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